19/9/13

SUCEDIÓ HACE 100 AÑOS



EL TEATRO DE MI ABUELO


El pasado 14 de septiembre se cumplían 100 años de la inauguración del teatro construido en Sisante por mi abuelo Juan Francisco Martínez-Herrera, se inauguraba con la representación de una zarzuela por la compañía valenciana de don Ricardo Tena; los días siguientes de feria se celebraron dos funciones mas, al parecer con éxito de público: el primer día asistieron 816 personas, el segundo 1.065 y el tercero 523. Se recaudaron 2.479 pesetas y la compañía cobró 1.050 pesetas.

Dos meses después y tras haber pasado por su escenario las compañías  “cómico dramáticas” de los señores Simaco Sepúlveda, Martínez Vicente y Rafael Babí, llegaron a Sisante las primeras proyecciones cinematográficas de la mano de Francisco Ortiz, de La Roda, el cual se desplazaba, además de con los elementos necesarios para la proyección, con una bailarina. A partir de entonces y durante los cuatro o cinco años siguientes Ortiz  viajó con regularidad a Sisante, siempre con bailarina, para dar sus sesiones de cine, contratado por mi abuelo, hasta que el teatro contó con su propio equipo.

Muchas veces me he preguntado como se le ocurriría a mi abuelo la idea de construir un teatro, en Sisante, sobre el solar de uno de los mas antiguos molinos de aceite del pueblo y parte del huerto que unía este con su casa. En cualquier caso, aquel hombre de 51 años, que se había quedado viudo hacía 7  con cuatro hijas y un hijo, debió pensar que un teatro le reportaría las alegrías que con la ausencia prematura de su mujer le habían sido arrebatadas.  Es probable que en aquel momento no pensase que el “Teatro Herrera”, como fue siempre conocido, iba, de alguna manera, a marcar un tiempo nuevo en su pueblo.

Esa persona que fue mi abuelo escribió en un cuaderno con tapas de hule y con letra cursiva un minucioso diario que cubre el periodo de construcción del teatro y sus siete primeros años de vida. Allí lo anota todo, con detalle, “dejo el teatro –escribe-  gratis a los quintos  y me regalan una caja de puros”,   o  “Esta última noche de función que fue el segundo día de Pascua hubo en el teatro mucho escándalo por no ir el alcalde Julián Carvajal como me tenía ofrecido  y por eso el tercer día no quise que se diera función. No se portó bien Julián”, otro alcalde José María Turegano  le pone una multa de 25 pesetas por “el mucho escándalo que hubo por no funcionar bien el cine de Ortiz”.  Muchos escándalos debía de haber cuando fue necesario que el alcalde autorizara la contratación de un “bastonero” para los bailes de máscaras, un ex sargento llamado Francisco Lafuente, que cobraba 10 pesetas por noche y tres entradas para la familia.

En su diario están los nombre de los sisanteños que construyeron el teatro, los maestros albañiles Pepe el Francés y su hermano Matías, los carpinteros Eduardo Saiz, Celedonio Campillo, Vicente Potillas y Fermín Paradas. Hasta contrató un decorador, Ignacio Sandoval de cuyo trabajo aun se conservaba el día de cierre, en la parte superior del escenario, los nombres de Lope de Vega, Calderón, Moreto y Tirso de Molina, además del escudo de nuestra familia.

Algún día contaré las causas del cierre y los instigadores del mismo, pero hoy quiero cerrar este post con un párrafo escrito en mi libro La Fuerza del Silencio: “…(este libro)…se lo dedicaría a mi abuelo Juan Francisco, a quien no conocí pero por el que siempre tuve una fascinación especial. ¿Y como no iba a tenerla por quien, en el año 1913, construyó un teatro sobre el solar de un molino de aceite y trajo el cinematógrafo a este lugar de La Mancha? Gracias a él, el río de la vida llegó, durante muchos años, para paliar el tedio y la tristeza de años oscuros. Aquel teatro formó parte esencial de mi vida, aprendizaje de celuloide, adolescencia despertada por los besos robados a la censura y la fascinación por un mundo lejano que alimentaba los sueños y habría horizontes nuevos a la imaginación”.

Me olvidaba, si  se inauguró con una zarzuela, se cerro con una película de la etapa americana de Sara Montiel, Yuma.

  1. Juan Francisco Martínez-Herrera

2/9/13

LA MANCHA VERSUS MANCHUELA


Mientras tomo un cafe en una terraza del centro de Vigo con un viejo amigo este me pregunta cual podría ser el símbolo que mejor podría identificar La Mancha. Podría ser el viento, le digo, o los viñedos  y como no Don Quijote. La Mancha es el corazón de España, el centro que une norte con sur y este con oeste, tierra surcada de caminos por los que durante siglos se ha vertebrado el territorio peninsular. Y al hablar de caminos surge Don Quijote desplazándose por todas las direcciones de la llanura infinita, bajando a las tierras fronterizas de Sierra Morena, recorriendo las tierras de Montiel, cruzando los campos de Calatrava y San Juan, avanzado hacia las sierras conquenses camino de Zaragoza por los paisajes de San Clemente y Rús. Eterno viajero acompañado de Sancho que siempre regresa al punto de partida, como los manchegos que nunca dejamos de serlo y siempre soñamos con volver. 

¿Crees, me dice mi amigo, que Cervantes refleja en Don Quijote la geografía de La Mancha y que se puede deducir  que conocía el territorio y sus costumbres o que escribía de oídas.? Cervantes, le digo,  conocía La Mancha sobradamente y así lo refleja en la obra cumbre de la literatura española desde la descripción de las bodas de Camacho en tierras albaceteñas, hasta la vida en las posadas pobladas de arrieros, trajinantes, cómicos de la legua, labradores, hidalgos y damas que van y vienen desde Andalucía a Levante, desde Levante a la corte o bajaban, como el vizcaíno, desde el norte en busca del sur.  Otra vez los caminos, tierra de caminos es La Mancha, tierra de fusión, celtas con iberos, romanos con hispanos, árabes con cristianos, siete siglos de reconquista dejaron su impronta y Don Quijote desde la ensoñación buscando en los caminos la aventura imposible de un tiempo acabado. Con su muerte, recobrada la sensatez, rodeado de los suyos, Alonso Quijano de quien "la muerte no triunfó de su vida con su muerte" da sentido y proyección a una tierra que aún no ha descubierto todas su potencialidades. 

Tiene La Mancha, me dice mi amigo, el reto de encontrar y potenciar una marca que la proyecte universalmente, como Santiago ha universalizado Galicia. Y ahí tenéis  a Don Quijote acompañado por Sancho. Me hablas de caminos, pues si el poeta dijo que se hace camino al andar, comenzar ya.

Escribo sobre La Mancha, de la que forma parte Sisante por mas que mentalidades municipales y oscuras se empeñen en situarnos en la manchuela. ¿No serían los batanes de El Batanejo los que molestaban en su dormir a Don Quijote y Sancho?. Seguro que mi amigo Ramón (Quintín) estará de acuerdo en que los batanes eran los de El Batanejo.

Juan Francisco Martínez-Herrera