9/8/13

LA SANGRE DE TODOS

El  miércoles anterior al descarrilamiento del tren Alvia Madrid-Ferrol había viajado yo en el mismo tren hasta Vigo, en ruta compartida hasta la ciudad de Orense con las unidades que concluyen su viaje en Ferrol. Un viaje tranquilo, cómodo, que en el último año ha reducido el tiempo de viaje con Madrid en cerca de dos horas. Viajar desde Galicia a Madrid fue hasta hace año y medio un penoso ejercicio de paciencia, sobrepasando, en muchas ocasiones, las diez horas para recorrer una distancia cercana a los 700 kilómetros, algo realmente impresentable en la primera década del siglo XXI.  Hoy el viaje se realiza en seis horas y media a la espera de la conclusión del nuevo trazado de alta velocidad.

Pero el desgraciado accidente de Santiago de Compostela en la curva de Anglois ha desatado la cacería del culpable , deporte muy nuestro, como se desató con el Prestige y se volverá a desatar cuando se produzca una nueva catástrofe que conlleve víctimas o grandes daños materiales. Encontrar un culpable y si son varios y además son políticos mejor, parece que alivia el dolor, mitiga el sufrimiento y, sobre todo, no nos deja pensar en la fragilidad de la condición humana impotente ante las fuerzas que desatan la tragedia. 

Cada uno siente las tragedias en concordancia con su sensibilidad, con su entendimiento de la vida y de la muerte, con el consuelo de sus creencias y actúa en consecuencia. Las decenas de personas muertas en Anglois merecen sobre todo respeto y el respeto implica el no utilizarlas para fines espurios. Su sangre es la sangre de todos, incluyendo en estos todos al conductor del tren Alvia que en dos minutos fatídicos se le trunco su vida al ser el  sujeto escogido por el destino para ponerle rostro a la tragedia. 

Algunos titulares de los periódicos en los días inmediatos al accidente son tremendos, uno de ellos me parece especialmente estúpido y un insulto para la inteligencia, "la alta velocidad mata", y las escopetas, la navajas, el tabaco, los automóviles , los aviones, los autobuses, la electricidad, el fuego, el agua y las hachas de silex de nuestros antepasados. Todo puede ser convertido en instrumento de perdición. ¿Titularía el mismo periódico la muerte de un ahogado escribiendo "el agua mata"?. Creo que las víctimas no se merecen tan grosera utilización de su tragedia, las víctimas merecen que sus vidas sirvan para evitar otras tragedias investigando exhaustivamente las causas y poder mejorar las medidas de seguridad.

Seguiremos viajando en tren y pidiendo que la duración del viaje sea cada vez menor, seguiremos pensando que la naturaleza está a nuestro servicio y seguiremos olvidando que la condición humana es frágil y que tiene marcado su destino final sea cual sea nuestra condición en esta vida.

Juan F.Martínez-Herrera





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