2/2/12

SIGUE LA VIDA: PASTILLAS DE JABÓN

He entrado en el Corte Ingles, sección perfumería, con la intención de comprar unas pastillas de jabón, busco y rebusco en los lineales alguna marca fabricada en España, o como diría Artur Mas en cualquier lugar del estado, sea Tarrasa, Baracaldo o La Coruña y no encuentro ninguna. Heno de Pravia ahora se fabrica en México y La Toja en Polonia. Le pido a la dependienta el que fabrica Alvarez Gómez, único superviviente del gran naufragio nacional que eha supuesto la llamada  deslocalización industrial y me dice que no les queda. Mas que estupefacto me quedé desolado y recordé el jabón Lagarto o aquel otro que en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo se fabricaba en las casas, mi madre entre otras, con sosa, aceite y glicerina los mas finos. Es un síntoma de la tragedia.

Subo a la planta de caballeros y busco una camisa "made in Spain" y lo mas cercano viene de Vietnam que está un poco antes que China, lo mismo sucede con otras prendas, desde las camisetas a los calzoncillos. Por otra parte, los vendedores superan, en algunas secciones, a los compradores y claro, como va a haber compradores en un país con cinco millones de parados que antes trabajaban en las fabricas textiles, en la industria de la perfumería o en los astilleros. Ayer me decía un amigo que el dueño de una fabrica de elementos para el automóvil está trasladando su industria a Marruecos donde el sueldo mensual de un obrero no alcanza los 400 euros. Cuando cierre se irán a la calle doscientas personas y le dije que muchas de esas doscientas personas compran en España los coches que aún se fabrican en nuestro país y que cuando pasen al paro no lo podrán hacer. Son los trabajadores medios los que compran fundamentalmente automóviles fabricados en España: Citroen, Ford, Opel, Renault y mantienen viva una industria que aún genera empleo. Los de mas pasta engordan con sus automóviles la economía alemana o la japonesa, pero como las cosas sigan así los de mas pasta volverán al producto nacional.

Cada día producimos menos cosas en nuestro país y cada mañana ocho mil ciudadanos se van al paro, ocurre lo mismo en otros países de la Unión Europea, aunque las cifras sean menos escandalosas. Es una trágica realidad que nos conduce al desastre. De tanto liberalizar el comercio acabaremos todos como los Okies de las "Uvas de la ira" emigrando a una California soñada donde nos revienten. Como escribió Eduardo Tardá en el prologo de "Los vagabundos de la cosecha", colección de reportajes de Jonh Steinbeck sobre la Gran Depresión, que sirvieron de base al mismo autor para escribir su novela "Las uvas de la ira" el "fantasma de Tom Joad no ha abandonado esta tierra". Miremos al cielo para que la lluvia riegue nuestros campos y algún día, si somos inteligentes, volvamos a tener cosecha propia.

Juan F. Martínez-Herrera

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