18/11/11

20 DE NOVIEMBRE,TODOS A VOTAR

Quedan pocas horas para la cita con las urnas, una cita muy especial por la grave situación que vive nuestro país después de siete años de zapaterismo. El domingo la respuesta de los ciudadanos a las políticas que nos han llevado a esta situación debe ser contundente para que Mariano Rajoy tenga el respaldo necesario para actuar con energía, con rigor y con sentido común y abra una puerta a la esperanza de tiempos mejores para todos.

En estos últimos días, los colaboradores principales del zapaterismo están haciendo esfuerzos casi agónicos para trasladar a los españoles el miedo a la derecha. Sanidad, educación y  pensiones son sus argumentos, argumentos trasnochados que revelan, al utilizarlos, un profundo desprecio a la inteligencia de los ciudadanos. Frente a tantas insidias la respuesta debe ser contundente, diáfana, cristalina.

Rajoy no va a bajar las pensiones, Rajoy no va a privatizar la educación ni la sanidad, al contrario, Rajoy gobernará para garantizar los derechos en pie de igualdad de todos los españoles, derechos que, actualmente, gracias al entreguismo del zapaterismo a los nacionalistas, está conculcado en muchas comunidades autónomas rompiendo el principio constitucional que hace a los españoles iguales ante la Ley en derechos y obligaciones.

Hoy un político socialista, el alcalde de Vigo decía que el defiende la ciudad mientras el PP defiende a los empresarios en un alarde de demagogia que nos devuelve al pasado. Claro que hay que defender a las empresas y los empresarios. La ciudad, el pueblo, son elementos abstractos, siempre el PSOE a la sombra de la abstracción, por el contrario las empresas, los empresarios, son conceptos reales, generan bienes y servicios, pagan impuestos, crean puestos de trabajo, son los que sumando esfuerzos hacen las ciudades, son los que le dan vitalidad a la sociedad. Rajoy, en las antípodas del alcalde Vigo, declaraba también hoy en una emisora de radio, que si cada pequeña empresa de todas las existentes en España contratara mañana un trabajador, uno solo, el paro descendería automáticamente en casi un millón y medio de personas. Este es el objetivo, una política que logre primero uno, luego dos o tres nuevos trabajadores por empresa, verdad que sería una maravilla. Todos a votar a Mariano Rajoy.

Juan F. Martínez-Herrera E.

10/11/11

PIDO EL VOTO PARA RAJOY

A los que por curiosidad, amistad, casualidad o cualquier otra razón, leáis este artículo, los ilustrados a la moda le llaman "post", os pido, les pido, el voto para Mariano Rajoy el próximo día 20 de Noviembre. Vaya casualidad que el señor Zapatero eligiera el 20 de Noviembre para celebrar la consulta electoral, cuando ya ni los mas nostálgicos se acuerdan de los decesos, uno fusilado y el otro en la cama, ocurridos en otros 20 de Noviembre. Si todos votamos a Rajoy se habrá cumplido el sueño del señor Zapatero: el deceso de toda su política, de toda su fantasía, de todo su talante  tan vacuo como esperpéntico y se abrirá una puerta al futuro, a un tiempo nuevo, sin duda de esfuerzo, sudor y lágrimas que restituya a España el derecho a la esperanza. O sea que en vez de dos, los nostálgicos podrán celebrar tres decesos por el mismo precio.

Conozco a Mariano Rajoy hace muchos años, le vi en 1981 pegando carteles en unas elecciones autonómicas en Galicia que fueron la primera victoria electoral, contra el miedo y la ignorancia, de Alianza Popular. Fui diputado provincial con él como presidente de la Diputación de Pontevedra, cuando inaugurábamos tendidos eléctricos o se instalaban teléfonos públicos en los núcleos rurales, le acompañé durante unos cuantos meses cuando ejerció de vicepresidente de un gobierno de la Xunta de Galicia acorralado por las ambiciones de tránsfugas y oportunistas, le acompañe en su primera campaña al Congreso de los diputados y he seguido su carrera política sin que nos debamos nada, en todo caso disfrutando de sus éxitos y unidos por el hilo de la amistad.

Pero estas, que son cuestiones personales, no son las razones para pedir el voto para el. Pido que se le vote porque desde el conocimiento que tengo de su personalidad tendremos un Presidente de España, presidente de una nación que no será un concepto, versión Zapatero, discutido y discutible; porque sus actos serán siempre guiados por el sentido común, "sentidiño" que dicen en Galicia; por su honradez y su honestidad intelectual; por su intuición para generar equipos de trabajo y su capacidad para el análisis de los problemas y su diagnóstico, con la frialdad del admirador de Ortega, para aplicar soluciones desde ella seriedad, el rigor y la prudencia.

También es posible que la "roja" que tantas veces juega de "blanco" vuelva a ser con Rajoy la selección de España.

Gracias por vuestro voto.

Juan F. Martínez-Herrera E.

3/10/11

VOLVER AL PUEBLO

No se trata de recobrar el tiempo pasado, tampoco se trata de una inmersión en el mar de la melancolía, volver al pueblo es un canto a la alegría que se produce al saber que no nos olvidamos, que somos los mismos de entonces aunque nos cubran  las muchas pieles que la vida nos ha ido colocando y si no hay olvido no es necesario recobrar el tiempo pasado, sencillamente, aquel tiempo, en lo bueno y en lo malo, permanece en lo mas profundo de nosotros.

¿Cuántos han vuelto, hemos vuelto, en estos días del Centenario?, ¿cuántos han vuelto ha encontrase con su tiempo, sus calles, sus recuerdos, sus amigos perdidos en la lejanía de los años ya vividos?. El Centenario ha hurgado en nuestras conciencias y en nuestros recuerdos, durante unos días la plaza se ha llenados de abrazos, de emociones, ¿te acuerdas de mi?, espera, no me digas quien eres, pero si eres fulano, mira que no acordarme, si es que hace cuarenta años que no nos vemos y cosas así.

Si las bicicletas son para el verano, feliz título de Fernando Fernán Gómez, también son para el verano los recuerdos y las noches que nunca se acaban en la plaza de Sisante. La Virgen de agosto y la feria son convocatorias abiertas para la vuelta al pueblo y este año el Centenario ha sido como una convocatoria especial, para algunos, quizás la ultima y para otros, el probable comienzo de una nueva relación con el pueblo del que partieron hace muchos años.

Siempre se vuelve a los orígenes, unas veces, la mayoría, físicamente y cuando no es así en un viaje del espíritu que guía la imaginación. El 14 y el 15 de septiembre los sisanteños de la diáspora hemos viajado con el cuerpo o con el espíritu a nuestro origen, a las entrañas de nuestros recuerdos, desandando el camino que nos llevó a otras tierras y otros mares.

Esta provocación a la vuelta es el mayor éxito del Centenario, que impulsó, en muchos sisanteños, el deseo de volver, volver para ver a Nuestro Padre Jesús, volver para sentir con la voz quebrada por la emoción como nos estalla el pasado en nuestros corazones. ¿Cómo, sino, pudo llorar tanta gente, cuando, al final de la plaza,  los banceros elevaron al cielo de Sisante la imagen del Nazareno?.   


11/9/11

COSPEDAL Y SISANTE, SEGUNDA PARTE (Carta abierta a nuestra Preesidenta)

Querida Presidenta:

Hace unos días me dirigía a usted desde este blogg para decirle que no se podía olvidar de Sisante en estos días en que sus vecinos y otras muchas personas de la comarca celebran el Centenario de la llegada a la villa de Nuestro Padre Jesús Nazareno, imagen que solo es sacada en procesión cada cien años y que se venera en el convento de Clarisas Franciscanas de esta localidad que forma parte del territorio que usted gobierna.

Tenía la impresión de que usted visitaría nuestro pueblo y nos acompañaría, al menos unas horas, en estas fechas jubilares y, aunque la esperanza es lo último que se pierde, me temo lo peor, lo peor para usted mas que para nosotros. Y mis temores nacen de la lectura de su saluda publicado en el programa de estas fiestas del centenario.

Vera usted, de la lectura del  mismo se deducen dos cuestiones de forma inmediata: la primera, que usted, a quien supongo bien informada, no leyó el citado saluda y la segunda, derivada de la primera, es que nuestra señora presidenta, como le ocurría al coronel de García Márquez, no tiene quien le escriba con el rigor y la sensibilidad que el acontecimiento se merece.

Pensará usted o se lo dirán sus asesores, que este asunto es una tontería que no merece mas comentarios y en eso yerran. Yerran, porque la importancia nace de que las pequeñas cosas,- total un saluda-, califican los comportamientos y definen las relaciones del que administra con los administrados.  Me dicen que no vendrá a Sisante y líbreme Dios  de inmiscuirme en su apretada agenda, pero si admitiera una sugerencia yo le pedería que venga a Sisante, que visite el convento y medite unos minutos delante del Nazareno. Al Nazareno de Sisante le pedimos los que creemos que el representa a Cristo/Dios camino del Calvario y, también, los que no lo creen. 

El próximo 14 de septiembre nos juntaremos en Sisante varios millares de personas a las que nos unen muchas cosas, cosas  en las casi nunca pensamos, como lo es nuestro origen, los muertos que duermen bajo estas tierras, unas veces calcinadas por el sol y agrietadas por la sequía y otras endurecida por los hielos que cortan la savia y queman la vida y cuando esas cosas ocurren nos queda, como escribía Miguel de Unamuno refiriéndose a otra venerada imagen, “el Cristo formidable de esta tierra”, el que mas nos une.
Presidenta, no nos defraude.

Juan Francisco Martínez-Herrera Escribano 

7/9/11

SISANTE, VIVA LA FERIA

Dios está azul
La flauta y el tambor anuncian ya
la cruz de primavera (Juan Ramón Jiménez)


Venían, creo que desde algún pueblo de las estribaciones de la serranía de Cuenca, con su pita y su tambor. En aquel entonces, a mi me parecía el hombre de la pita un señor muy mayor;  al del tambor, sin saber porque, lo recuerdo siempre mas joven. Se colocaban delante de la Ermita de la Concepción, Trini, con su camisa morada o algún otro hombre parecido a Trini, sacaba la bandera de Nuestro Padre Jesús y la pita y el tambor, como en el verso de Juan Ramón la flauta, anunciaban la fiesta del Nazareno y su cruz,  mientras alguien bailaba la bandera ante los ojos pasmados de los niños.

 Unas horas antes, la expectación se producía en la cochera de Bartolo: llegaba la animadora, que casi siempre venía de Valencia, para animar la verbena, mientras en la plaza finalizaba la colocación de las quincallas y en la placeta se probaban las barcas voladoras.

Víspera de la Feria, 13 de septiembre de cualquier año comprendido en las décadas de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo. En las eras solo quedaba el zumaque, pregúntenle a cualquier joven y les dirá ¿ zuma…qué?, la paja ya estaba en los pajares y el olor de la vendimia ya se presentía….En la posada de Chirrin, con mucho pino y mucho romero se acotaba la pista del baile y se montaba, sobre tablones de madera el ambigú para la sesión vermouth, con mucha aceituna rellena, almendras salada y gambas cocidas mas saladas que las almendras. Se tomaba vermouth rojo y en la sesión café, mientras se disparaban las miradas al escote y la raja de la falda de la animadora, que mostraban la exhuberancia de sus gracias naturales, aun se bebía coñac.

El alcalde inauguraba la feria soltando globos de papel que muchas veces no ascendían y otras tampoco, porque alguno les cortaba el vuelo, escondido en el árbol de la Concepción, con su tirachinas; se encendían las luminarias y se bajaba al convento y la noche se remataba con los toros de carretillas qué, como pasa con los otros toros, eran mas bravos que los de ahora.

Aquellas ferias eran un paréntesis de alegría en unos años difíciles para la inmensa mayoría, un tiempo que se congelaba, entre pasado y futuro, entre siega y vendimia. Había tres sesiones de cine, Silvana Mangano bailando el Bayón, se celebraban bodas, alguna la recuerdo de modo especial, en el local de Gilete, antes de la ferretería de Lorenzo, había tiradas de pichón en el campo de Camino Hondo, se boleaba en el camino de las caleras, y se disputaban carreras de cintas o se trepaba por un poste enjabonado para coger algo en la cima del mismo.

Fue un tiempo vivido por muchos sisanteños que ahora, viviendo lejos del pueblo, volvemos para escuchar los ecos de la pita y el tambor, ver volar la bandera de Nuestro Padre Jesús, recordar el olor a pino y romero y a tierra mojada de aquellas verbenas, que sin mayores pretensiones, nos sumergían en la magia de los días felices.

También volvemos para ver lo que muchos de nuestros padres no pudieron ver: salir del Convento a nuestro Padre Jesús.

  1. Juan Francisco Martínez-Herrera Escribano

5/9/11

¿POR DONDE ENTRÓ EL NAZARENO EN SISANTE?


¿Cómo fue la llegada de la imagen de Nuestro Padre Jesús a Sisante en las últimas horas del 13 de septiembre de 1711 o en las primeras del día 14?, ¿ qué calles recorrió hasta su llegada al convento?. Son preguntas sin respuesta documentada. Hasta el día de hoy no se ha encontrado ningún documento que nos ilumine ese momento tan especial para la vida posterior de Sisante. Tampoco la tradición oral nos ayuda en esta cuestión.

En el archivo del convento no se ha encontrado hasta ahora,  digo hasta ahora porque la esperanza nunca se pierde, algún documento que nos aclare dos cuestiones fundamentales: la primera, las condiciones en que fue adquirida la imagen y la escritura de la compra; la segunda, como llega la imagen a Sisante y que celebraciones se realizaron con tal motivo.

En el archivo parroquial  está la descripción que hace sobre Sisante  el párroco Francisco Javier Montón en los años finales del siglo XVIII, unos ochenta años después de la llegada de la imagen y en ella dedica una parte al convento y a la imagen con datos recogidos de la tradición oral, datos que también están recogidos en el librito de la novena editado ya en el siglo siguiente.

¿Dónde están los documentos que sin duda se extendieron en el momento de la compra de la imagen a los herederos de Luisa Roldán y también donde se encuentra la documentación del encargo real a su escultora de cámara con las estipulaciones correspondientes al precio de la misma, plazos de entrega, destino etc..?. No tengo la menor duda de que esta documentación existió y tampoco dudo de que algún día pueda ser encontrada.

Alguna de las respuestas pueden estar en los archivos de la Compañía de Jesús, pues fueron los jesuitas protagonistas importantes en el proceso fundacional del beaterio. Son ellos los encargados por el obispo de Cuenca de instruir el expediente para la autorización del beaterio, otro jesuita el padre Diego López viaja con frecuencia desde San Clemente a Sisante para predicar durante esos años, el padre Rejón acompaña a Hortelano en sus gestiones en Madrid para la adquisición del Nazareno, el padre Gallo es el probable autor de la “ Noticias históricas de la fundación…”, obra prologada en su segunda edición por otro jesuita, el padre Duránd y un tercer jesuita, el padre José Rodríguez entrega en 1713 Nuestra Señora de las Injurias al convento.

Los jesuitas estaban instalados en San Clemente, donde tenían colegio y sus relaciones con Hortelano debieron ser muy intensas. En los años clave de este proceso el Rector del Colegio era el padre Bartolomé Alcazar, personaje influyente en Madrid, este jesuita fue en el año 1713 uno de los fundadores de la Real Academia de la Lengua y primer titular de la silla F mayúscula. Desgraciadamente, la expulsión de los jesuitas por Carlos III provocó la pérdida de numerosa documentación que probablemente fue sacada de España y depositada en Roma.
Fueron los jesuitas y no otras personas los principales valedores de Cristóbal Hortelano y por supuesto los que mas le ayudaron en sus trabajos fundacionales.(1)

Sin documentación, sin crónicas de la época, sin testimonios que pudieran haberse trasmitido de forma oral, solo nos queda la lógica y el sentido común para imaginar como fue la llegada a Sisante de la imagen de Nuestro Padre Jesús en las últimas horas del viernes 13 de septiembre y las primeras del sábado día 14 de 1711. Se sabe que era noche cerrada pues comenzaba el día 13 el ciclo lunar y la negrura de la noche solo podía romperse con antorchas y luminarias que alumbraran el camino de la expedición que traía la imagen al pueblo. 

El camino desde Madrid a Sisante en la época que tratamos podía hacerse por dos rutas, prácticamente las mismas que hoy en día, saliendo por Vacia Madrid y siguiendo camino por Tarancón en la vía a Valencia o saliendo con dirección a Ocaña desde donde se tomaba la ruta de Murcia. En el primer caso se llegaba a Villares del Saz y desde allí se bajaba a Sisante y San Clemente por Santa María del Campo, Cañavate, Villar de Cantos y Vara de Rey y en el segundo, o llegando a Minaya y desde esta a Sisante por Pozo Amargo o tomando el desvió del Provencio a La Alberca y San Clemente para continuar por Vara de Rey. Salvo el caso de Minaya ,todas las rutas pasaban por Vara de Rey.

En buena lógica debemos pensar que la comitiva llegó a Sisante desde Vara de Rey, por el camino murciano, camino que seguía la misma ruta que el camino romano que bordeaba Sisante y por lo tanto entró en el pueblo por su entrada principal, donde se alzaba el rollo y la picota, símbolos de su villazgo adquirido en 1634. También entra en la lógica que se dirigieran al convento por la calle principal, pasaran por delante de la iglesia y el ayuntamiento en la placeta y bajaran por la cuesta al convento. En 1711 la puerta principal de la iglesia se encontraba en la placeta y el ayuntamiento, con edificio con soportal anterior al actual en el mismo lugar que hoy día. Es de suponer que el pueblo, avisado de la llegada, llenara las calles para recibir a Nuestro Padre Jesús. (2)


Juan Francisco Martínez-Herrera Escribano


1.- Páginas 58 a 63 de “La Fuerza del Silencio”, del autor.
2.- “La hora de Sisante”, prologo a la 2ª edición de la “Fuerza del Silencio”

1/9/11

COSPEDAL ACUERDATE DEL CENTENARIO DE SISANTE

Estimada Presidenta de Castilla-La Mancha:

Como ya sabrá, o al menos pienso que debería saber, el próximo 14 de septiembre celebramos en Sisante el III Centenario de la llegada de Nuestro Padre Jesús al pueblo y desde aquella lejana fecha se convirtió en una referencia espiritual no solo para Sisante, sino para muchos lugares de La Mancha. Como curiosidad le diré que la abadesa que instituyó la fiesta del Centenar era de La Solana, pueblo manchego donde los haya y escogió Sisante para su vocación religiosa por su devoción al Nazareno. La madre Rafaela procedía de una familia aristocrática con capacidad de influencia en la corte lo que le llevó a conseguir la donación de una túnica para al Nazareno por parte de Fernando VII. Le recuerdo esto en el día que usted ha decido podar de forma vigorosa los presupuestos manchegos, lo cual supone una mala suerte para nuestro convento de clarisas, pues cuando gobernaban los otros no recibía ninguna ayuda para mantener un edificio de interés cultural, además de religioso, y cuando usted llega deberemos esperar a que su poda, como en las viñas, recupere la producción de uvas, es decir de euros.

La imagen que veneramos en Sisante  es el referente espiritual de los sisanteños y de miles de manchegos, como podría comprobar con la lectura de un novelita escrita en el siglo XIX por un ilustre paisano suyo, el marques de Molins, titulada "La Manchega". Por otra parte, cosa que también supongo que sabrá, la imagen fue tallada por una mujer, Luisa Roldán, caso único en la imaginería del barroco español y trasmite sentimientos y sensaciones que mueven a la piedad y provoca una emoción difícil de explicar.

Con todo ello querida Presidenta espero poder verla el día 14 de septiembre en Sisante. Si viene como presidenta muy bien y si viene como manchega a unirse con sus paisanos en el día que llevamos esperando desde hace 100 años mucho mejor. Como usted es una mujer inteligente espero que venga asumiendo las dos condiciones. Un inciso, también he invitado al señor Rajoy con el cual, en alguna ocasión, ha tomado usted café en uno de los mesones de la entrada a Sisante, o sea pueblo conocido para los dos.

Finalmente, creo que está usted en el buen camino, pues viña que no se poda ni da uvas ni da nada, pero pódela bien y deje los sarmientos necesarios para que los que menos tienen puedan seguir viviendo. Sin mas, reciba un atento saludo de un manchego que le confiere el beneficio de la duda.

Juan Francisco Martínez-Herrera Escribano

29/8/11

¿CENTENARIO O AÑO JUBILAR?



En la última hora del pasado sábado nació Roque, mi sexto nieto. San Roque es el patrono de Vigo y el hospital donde ha nacido está en el antiguo barrio de San Roque donde, desde hace siglos, se celebra cada 16 de agosto la romería de su nombre. Los padres de Roque se casaron en Sisante, en el convento, delante de Nuestro Padre Jesús y Roque será el nieto que nació el “año de centenario”.

Pero Roque, que si las cosas van bien y Dios lo quiera, estará en Sisante el 14 de septiembre, es muy difícil que pueda participar como adulto en el siguiente centenario el año 2111 y, como él, otros muchos. Para que Roque y otros sisanteños o descendientes de sisanteños puedan vivir la salida de Nuestro Padre Jesús, algo tendría que cambiar. Y cambiar no tiene que significar anular el pasado, sino adaptar la tradición al presente.

Las tradiciones y las costumbres pueden evolucionar y admitir cambios en las mismas, si esto supone darles nueva vida, puede ser positivo. La idea ya ha sido tomada en consideración por algunas personas y la propuesta sería: ¿Centenario o Año Jubilar?.

Año Jubilar sería acercar la celebración, la salida de Nuestro Padre Jesús a las calles del pueblo, con una frecuencia reglada que hiciera posible que todas las generaciones de los futuros sisanteños pudieran participar. Mi propuesta sería declarar año jubilar todos aquellos en los que el día 14 de septiembre coincida en sábado y la elección del sábado viene a cuento porque fue precisamente un sábado 14 de septiembre de 1714 cuando la imagen llegó a Sisante.

Optar por esta fórmula revitalizaría la devoción a Nuestro Padre Jesús y fortalecería los vínculos de los sisanteños del pueblo con los sisanteños de la diàspora y sus descendientes. Si algo nos caracteriza a los sisanteños es nuestra especial vinculación al pueblo, punto de partida y punto de regreso como se puede comprobar cada mes de agosto.

Yo espero que Roque, mi sexto nieto, pueda ver algún día la salida de Nuestro Padre Jesús y cumpla como bancero por las calles de pueblo de sus antepasados viva donde viva y esté donde esté y como él, el resto de mis otros nietos, todos, desde su nacimiento, cofrades de Nuestro Padre Jesús.

22/8/11

LA HORA DE SISANTE (1700-1710)


Imaginemos cómo discurría la vida en Sisante en los primeros años del siglo XVIII. Imaginemos cómo era la villa, sus calles, sus casas, la actividad de los vecinos, sus preocupaciones. Desde 1702 y con más intensidad desde 1705, se libraba la guerra entre los partidarios de Felipe V y los del Archiduque Carlos de Austria. Ingleses, franceses, austriacos y holandeses, con la escusa de la sucesión a la corona española, dirimían en el campo de batalla, sobre suelo español, quien iba a suceder a nuestra nación como primera potencia en Europa.

Sisante estaba del lado de Felipe V. ¿Cuántos sisanteños fueron reclutados para el ejército real?, ¿Cuántos no volvieron?. Sisante, San Clemente, Alarcón y algún otro pueblo de la zona fueron base de algunos regimientos de la fuerza expedicionaria francesa y, en otros casos, base también de oficiales ingleses, austriacos y holandeses, hechos prisioneros y confinados en pueblos y villas del interior. ¿Cómo influyó todo ello en la vida cotidiana de Sisante?.

Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe, dejó un valioso testimonio de la época en su novela “Memorias de guerra del Capitán George Carleton” (1). Carleton después de la batalla de Almansa fue confinado en San Clemente y aunque pasó unos meses en Alarcón, en nuestra villa vecina vivió mas de tres años, hasta la conclusión de la guerra.

Dice Carleton, que gozaba de gran libertad de movimientos, que su mejor amigo era un Pacheco, ¿hermano del Pacheco casado con una Cañizo que vivía en Sisante?. Nos narra como Pedro de Ortega, otro amigo suyo, alancea un toro en una corrida en San Clemente; describe la ceremonia de profesión de una novicia franciscana en el convento de La Asunción de San Clemente; alaba la calidad del vino de la zona y de los melones; nos informa de que la gente no bebía el agua de los pozos de las casas particulares, y la traían de un pozo de las afueras, porque, en los propios, habían arrojado a algunos soldados franceses que se habían sobrepasado con mujeres del pueblo.

Las cosas que Daniel Defoe narra en la novela nos valen para Sisante. Aquí está probada la presencia de tropas francesas (2), aquí en alguna cueva cercana a la iglesia se han encontrado botones de uniformes militares y también el vino propio (3) era alabado por su calidad. Los sisanteños atenderían el toque del Ángelus igual que los vecinos de San Clemente “ al toque del ángelus, es preciso caer de rodillas allí donde se esté. No hay pretexto que valga para demorarse un tanto hasta dar con un sitio limpio: la suciedad no es escusa… Tanto es así que incluso en el teatro, en mitad de una función, al primer toque de campana los actores abandonan su papel…Las horas del ángelus son las ocho y las doce de la mañana y las seis de la tarde…”. Sisante se encontraba, igual que San Clemente, en el camino de Madrid a Valencia y Defoe y su capitán Carleton, buenos conocedores de las costumbre de la zona, tuvieron que pasar ineludiblemente por aquí y hacer parada y fonda en el Pozo Viejo. ¿Dónde, sino, iban a abrevar sus caballerías cinco leguas antes de llegar a su destino?.

Al mismo tiempo en que se debatía el futuro de España en los campos de batalla, se daba la gran paradoja en Sisante. Dá la impresión de que aquí el curso de la vida no se detuvo por la situación bélica; al contrario, todo indica que se vivió un periodo de gran actividad, de crecimiento, de realizaciones que iban a configurar el periodo más brillante de la pequeña historia sisanteña. Era la hora de Sisante.

Vuelvo al principio, a intentar contemplar la vida en Sisante en los diez primeros años del siglo XVIII. Acercarme a esa vida cotidiana que discurría por unas calles, hoy con asfalto y alcantarillas, que no han variado su trazado, que siguen limitadas en muchos casos por las mismas fachadas y que incluso mantienen los mismos nombres . El escenario actual se parece mucho al del año 1700: el Pozo Viejo, la Ermita de la Concepción (4) y el Santo Cristo, estas dos un poco mas pequeñas, por mor de tiempos donde para vestir un santo se desnudaba otro, costumbre, por cierto, muy nuestra: hay que hacer un cementerio nuevo, pues vendemos un trozo de la Concepción y salimos del apuro; hay que hacer casa para el párroco, pues nos cargamos una sacristía espléndida y dejamos reducido el Santo Cristo a la mínima expresión. Pero aún queda, tal cual, San Antón, que al ser tan pequeña difícilmente se podría haber reducido. Lo que ya no se ve en este escenario son caballerías que puedan dar la vuelta a la ermita o abrevar en las inexistentes pilas del Pozo Viejo. Del “cuidao con las mulas” se ha pasado al cuidado con las motos y en esto hemos perdido, porque las mulas, que, naturalmente, daba coces, hacían menos ruido que las motocicletas.

De aquel tiempo nos quedan otras muchas cosas, algunas mermadas, como las citadas ermitas, otras ampliadas, como la iglesia, otras casi desaparecidas, como el hospital o la casa palacio de los López de Meneses, de las cuales se mantienen sus portadas desnudas, heridas por el tiempo, como jirones del pasado que han quedado incrustados en la memoria del pueblo. Y alguna perdida del todo, como la ermitilla de la Vera Cruz o de Vega, que había fundado sobre su patrimonio Jacinto Martínez el mayor . Queda, también, casi todo lo que se hizo en ese siglo XVIII,- siglo denostado por unos, entre ellos Menéndez y Pelayo, y reivindicado por otros, como Carmen Iglesias, presidenta de la Real Academia de la Historia e ignorado por la mayoría-, que acabaría calificado por la historia como el siglo de las luces y precursor de la ilustración.

Ese siglo, el XVIII, nos dejó como herencia el edificio del Ayuntamiento con su esbelta torre, la capilla del Santo Rosario, poco valorada en Sisante, obra de Mateo López con influencias y, casi seguro, con la intervención directa de Ventura Rodríguez; los frescos del Santo Cristo y de la Concepción; algunas casas de importante factura y la estructura urbana del pueblo actual.

No es mala herencia para ser una villa de corta biografía. Sin embargo, uno de los restos del siglo XVIII que despertó en mi mas emociones de los conservados en Sisante, fue el descubierto un día, por azar, en el ayuntamiento, se trataba de los volúmenes del Teatro Crítico Universal del padre Feijoo, una obra, que anticipaba el mundo de la ilustración y desmiente por si sola la leyenda negra urdida sobre el siglo XVIII, como si este hubiese sido un periodo oscuro y anodino de nuestra historia. En los libros que han sido leídos con curiosidad y amor queda el alo de sus lectores y en los tomos del Teatro Crítico del padre Feijoo que hoy se conserva en la biblioteca pública, ese alo, trasmitido por sus lectores, es ya una pátina que los ilumina y me acerca a aquellos sisanteños que posaron sus ojos curiosos por los mismos renglones que yo los poso ahora o que acariciaron el pergamino de sus lomos con el mismo placer que yo. El libro debió llegar a Sisante de la mano de un abogado de los Reales Consejos, que quizá ejerció como secretario judicial, apellidado García Cañabate. Aquel ilustrado nos dejó su firma en los tomos. Luego se escaparon de sus manos y se quedaron en los anaqueles del ayuntamiento salvándose de la destrucción, que era su probable destino, como acabaron con otros muchos.

Sigamos con las cosas que nos quedaron del siglo XVIII: nos queda un convento, una iglesia adosada al convento, una comunidad de monjas Clarisas que se suceden a si mismas, una y otra vez, desde hace trescientos años, trasmitiéndonos una sensación de intemporalidad. Y en ese convento, en su iglesia, como eje de vida de una comunidad de Clarisas, allí donde el tiempo se detuvo un día y tomo asiento el silencio, nos queda la identidad y la tradición, el espíritu de un pueblo, su alegría en los días felices y su esperanza en los de duelo: el Nazareno.

Pero voy a hacer un paréntesis antes de seguir con la historia del Nazareno. No quiero olvidarme de una casa que aún permanece en pie tal y como era en el año 1700 . No es una de las casas señoriales del pueblo, aunque es de buena factura y debió ser principal. Se puede ver frente al edificio que un día fuera hospital y luego, con los años, escuelas; escribo sobre la casa donde nació y vivió Cristóbal Hortelano y es dato cierto, quizá una de las pocas casas de la época que conserva la documentación sobre su propiedad, “ unas casas de morada en que vivió el fundador en esta población, frente del hospital que se estaba fabricando al norte, a oriente linde de casas de Pedro Toledo, a poniente otras de Gines Moratalla y al mediodía con casas de la capellanía de la misa del alba”, estas últimas con fachada a la calle del Moral.

La casa sigue en pié, su última y noble ocupación fue ser la escuela de don Herminio. El codicilo, que recoge la ubicación exacta de la casa, se redacta en Madrid cuando Hortelano está en sus últimos meses de vida, para añadirlo al testamento que había dictado unos años antes en Sisante, ante el notario Gregorio Ordóñez y que reafirmaba, pues ya había otro documento recogido por el notario eclesiástico Juan Martínez Barriga, su voluntad de donar todos sus bienes para beneficio de la mayor empresa de su vida: la fundación de un convento bajo la advocación de Nuestro Padre Jesús. Sin Hortelano y sin esta casa y los demás bienes que la acompañan, las cosas habrían sido distintas, en ello radica el valor de esa vivienda que aun sigue vinculada al convento.

En Madrid, en las fechas en que se firma el codicilo, Hortelano, ya en los últimos días de su vida, no se siente solo, está acompañado, en su postración, por algunos amigos venidos de Sisante. Con el están Fernando Saavedra, sacerdote; Francisco Carlos Nohales Cardós, regidor y Alférez Mayor; José Losa, presbítero; Martín Vizcaino, regidor y Benito Guijarro, así como su gran protector Ramón Guillén de Moncada, marques de Aytona. Todos ellos firman como testigos de la escritura. Sobre aquellas personas sabemos que Fernando Saavedra es hermano de Cristóbal Ruiz de Alarcón y Saavedra, quien facilitó la construcción de la iglesia del convento permutando una almud de sus tierras por un enterramiento en la misma; José Losa, debe ser primo o hermano de Pedro del Cañizo Losa, párroco de Minaya y posterior obispo. En cuanto a Francisco Carlos Nohales Cardós, que había comprado el oficio de Alférez Mayor a los Ruiz de Alarcón por 400 ducados, hay que identificarlo como el Carlos Cardós que acudió a Madrid, en el verano de 1711, atendiendo la llamada urgente de Hortelano que, necesitado de fondos, pide su ayuda. Este acudió a la llamada con 10.000 reales para la compra de la imagen de Nuestro Padre Jesús a los herederos de Luisa Roldán, los 5.000 reales restantes, hasta completar el precio, los había conseguido el jesuita padre Rejón. Este mismo Carlos Cardós es también quién vuelve a Sisante, con la imagen de Nuestro Padre Jesús. Hace el viaje desde Madrid en tres jornadas y llega al pueblo en la noche que media entre los días 13 y 14 de 1711. Otro de los presentes es Martín Vizcaíno, regidor perpetuo y miembro de una familia asentada en Sisante desde hacía mas de un siglo y que había dado nombre a una calle del pueblo. Los Vizcaínos son también de los primeros en financiar, con la compra de una capilla, la construcción de la iglesia conventual.

Ahora trasladémonos a aquellos días de hace trescientos años. Estamos en el mes de septiembre de 1711; forcemos nuestra imaginación al máximo, intentemos reconstruir aquel momento que tanto iba a influir en los siglos posteriores en la vida del pueblo. Todos saben a lo que Cardós había ido a Madrid, todos saben también cual es el objetivo de Hortelano y sin duda ya conocen la noticia de la adquisición del Nazareno tallado por la escultora de cámara del anterior rey de España.

Mientras la uvas en los majuelos van alcanzando la madurez adecuada para la vendimia y de las vigas de despensas y cámaras ya cuelgan las llamadas “colgaeras”, alguien, que se ha adelantado a Cardós y su comitiva, va desgranando, con la misma lentitud que desgrana la “gancha” de uvas recién cogida de la parra, noticias de la inminente llegada de la imagen. A la misma hora María Manzanares y sus beatas no dan calma a su ansiedad. En el mesón y posada del Pozo Viejo, en el mesón de Saavedra, junto a la iglesia, y en los poyos de todas las casas donde los vecinos se sientan para conversar, disfrutando de la tibieza del atardecer, los comentarios y las preguntas giran sobre un único tema, las noticias recién llegadas de Madrid. Las conversaciones son vivas, uno asegura que antes de llegar a Alcalá, gentes del duque del Infantado han intentado embargar la imagen; otro que un comerciante genovés había ofrecido el doble de reales para quedarse con ella; un recién incorporado a la conversación asegura que las mulas que tiraban de la galera se plantaron y no hubo quien les hiciera retroceder a Madrid; alguien, por su cuenta, apunta que la imagen es milagrosa y así mil y una historias que alimentarán la leyenda, que prepararán el terreno como se prepara un barbecho bien trabajado para la siembra que se avecina después de la vendimia. Terreno donde crecerá la devoción, donde anidará la fe, donde cuajará un nuevo modo de ver a Sisante, desde dentro y desde fuera, como un sitio distinto de aquel pequeño lugar que Vara de Rey, al ser apartado de la jurisdicción de Alarcón en 1445, reclamó como aldea propia y que cien años después compró a la corona.

Uno de los vecinos que escucha las nuevas, mira, desde la puerta del mesón, las obras que se han iniciado para concluir la nueva fachada que abrirá puerta a la calle grande y recuerda las historias que había oído contar a su abuelo Pedro de Alcarria, de cómo él, su yerno Pedro de Tébar y sus parientes los López Piedrabuena, decidieron un día que Sisante podía y debería caminar, sin las tutelas y dependencias que venían arrastrando desde siglos, primero de Alarcón, luego de San Clemente y Vara de Rey, si querían convertirse en una villa de mediana importancia. Había llegado la hora de convertirse en villa. La gota que había rebasado la paciencia de los sisanteños fue el repartimiento de 500 ducados que Vara de Rey impuso a los vecinos de Sisante para pagar su propia exención de San Clemente. ¿Quién iba a pagar para seguir siendo una aldea administrada por Vara de Rey?. Corría el año 1574 y Sisante, que comenzaba a recibir nuevos vecinos, ya no era una aldea, un simple lugar, asentado en un cruce de caminos, resto de antigua población perdida en la memoria de la historia, era ya la voluntad puesta en pie de unos hombres con espíritu fundacional.

Cuanta pelea para llegar a esto, cuantos esfuerzos, cuantos pleitos para alcanzar la autonomía, para ser villa propia; desde 1445, año en que están fechados los primeros documentos conocidos por ahora que mencionan a Sisante, hasta 1635 en que se consigue el villazgo, habían pasado casi doscientos años y ahora, otros setenta años después, los nietos y los biznietos de aquellos que lo consiguieron ven crecer la villa a un ritmo acelerado; los vecinos aumentan con rapidez , si fueron 562 los que en 1635 pagaron 16 ducados cada uno para su exención y adquirir el título de villa, ahora ya sobrepasan los 800, los nuevos habitantes demandan viviendas y se abren calles nuevas mas allá del Pozo Viejo, entre el Santo Cristo y los Hoyos, por el norte y el oriente; por el poniente la ermita de la Concepción ya no está extramuros, rodeada de campo, al borde del camino de Vara de Rey, que ahora es calle donde se alza en su inicio el rollo y la picota, símbolos de la justicia y del villazgo.

Ahora la ermita, construida a mediados del pasado siglo como otras muchas en Castilla, por los que defendían la proclamación como dogma de fe la inmaculada concepción de la virgen María, está rodeada por edificios de nueva planta, como el molino de aceite y el huerto de Jacinto Martínez de Herrera y una nueva posada.

Por el mediodía, para admiración de propios y extraños, aparece, ante los viajeros que llegan de Fuensanta, de La Roda y de Pozo Amargo la fábrica del convento y su iglesia, ocupando los terrenos permutados, ¡por un enterramiento¡, a Cristóbal Ruiz de Alarcón, en la Hoya, junto a los olmos que bordean el camino de Pozo Amargo. El convento y la iglesia se han construido en un tiempo record, menos de seis años y para algunos se ha hecho con ayudas milagrosas, como la aparición un buen día de una yegua sin propietario que sirvió para el acarreo de materiales desde las canteras y que desapareció el mismo día que finalizó la construcción. En la obra de la iglesia debieron participar de forma voluntaria y gratuita muchos vecinos a tenor del precio desembolsado por la misma, un total de 11.000 reales, que considero escasos si los comparamos con los 15.000 pagados por Hortelano a los herederos de Luisa Roldán, por la talla del Nazareno. A los 11.000 reales que costaron las obras habría que añadir, por otra parte, el valor de las realizadas en las seis capillas laterales, que vendido su suelo por 1.000 reales cada una, tenían como condición que las obras para su realización corrieran por cuenta de los compradores. Terminada la obra en 1708 han de pasar tres años para cumplir el destino soñado por Hortelano y las madres beatas…, pero la hora está a punto de llegar, el momento que dará sentido a todos los esfuerzos, a todos los desvelos.

Suenan arrebatadas de repente las campanas del beaterio, repican a gloria las de la iglesia; algunos vecinos comienzan a arremolinarse junto al rollo y con sus antorchas encienden la noche de Sisante; corre la voz y por los cruces de las calles comienzan a encenderse luminarias alimentadas por sarmientos y cepas viejas que aroman el aire nocturno. Aparece Cardós a lomos de yegua vieja, a su lado, Hortelano sobre una mula torda, llegan ambos con la fatiga de tres días de marcha sin reposo, abriendo el camino a una galera que lleva en su cajón, un enorme bulto que la ocupa en su totalidad. No detienen su paso y avanzan, rodeados por vecinos que les iluminan la marcha con sus hachones, camino del convento. Siguen repicando las campanas y a la comitiva se va uniendo el pueblo todo, vecino a vecino, hasta el atrio del convento, donde las beatas, hincadas las rodillas en el suelo, elevan sus plegarias… es la hora de Sisante.

1. Memorias de guerra del Capitán George Carleton. Edición de Virginia León Sanz. Publicaciones Universidad de Alicante.
2. La fuerza del Silencio. Primera edición, página 47.
3. Escrito sobre algunas noticias de Sisante. Javier Montón. La Fuerza del Silencio. Primera edición, página 173.
4. En la primera edición de La Fuerza del Silencio se especulaba con la posibilidad de que la Hermita hubiese sido sede del beaterio, pero un documento aportado por Herminio Sanz deja clara la época de su construcción a mediados del siglo XVII.